lunes, enero 15, 2018

23 adoratrices mártires “con la sonrisa en los labios y bendiciendo a Dios”

El 10 de noviembre de 1936, en las tapias del Cementerio de la Almudena, fueron asesinadas 23 adoratrices que murieron sonriendo y bendiciendo a Dios


Después de comulgar de rodillas, las adoratrices murieron de forma que un testigo relató así a su mujer: “morían con la sonrisa en los labios y bendiciendo a Dios. ¡Qué mujeres!”.

En Paracuellos el 10 de noviembre cesaron las sacas, al nombrar la Junta de Defensa inspector general de prisiones al anarquista Melchor Rodríguez, contrario a ellas, por lo que será apodado “el ángel rojo”. Además de las adoratrices, hay un hospitalario mártir en Montcada i Reixac y un sacerdote diocesano en Albacete.
Respecto a las adoratrices, hay dos fotos de una misma detención, pero obviamente no es la aquí referida, pues el 10 de noviembre ya no llevaban hábito. Sobre estas mártires hay una entrada de blog sin firma, un relato de López Teulón, otro en Youtube -sobre la castellonense Luisa Pérez Adriá en el día de su beatificación en 2007, y página en Wiki Martyres con los nombres y edades de las 23.Las adoratrices habían visto ametrallada su casa en la calle Princesa al comienzo de la revolución. Para las que no pudieron refugiarse con familias, la superiora general, madre Diosdada Andía, alquiló a primeros de agosto el cuarto piso del número 15 de la Costanilla de los Ángeles, dejando el grupo en manos de la secretaria general de la congregación, madre Manuela Arriola.
En ese lugar, según el cartel que luce actualmente, había vivido Santa Teresa de Jesús durante una primavera (seguramente no lo sabían entonces las monjas, como nadie sabe hoy que ahí vivieron estas mártires).
Allí se refugiaron hermanas llegadas de Guadalajara, Alcalá y Almería, y para servirlas renunciaron al refugio de las casas de sus parientes la madre María Dolores Hernández y la hermana Borja Aranzábal, hasta sumar 23 habitantes en el piso, incluyendo seis “hijas de casa”, colegialas que querían consagrarse a Dios y hacían votos privados. Usaban cajas de madera como sillas y mesas, manteniendo la perpetua adoración de la Eucaristía. Sabiendo que eran religiosas, miembros del Frente Popular las vigilaban regularmente, tratando de incriminarlas por cualquier cosa que les permitiera encerrarlas y acusarlas de enemigas del pueblo. La madre Arriola rezaba con frases como: “Señor confío que no nos darás más de lo que podamos sufrir. Ojalá fuéramos dignas del martirio”. El 9 de noviembre de 1936, alrededor de las 17:30 h, una fuerte explosión -Madrid estaba siendo asaltado por las tropas de Franco- sacudió la calle de Preciados.
Pasada la alarma, llegaron unos milicianos al piso preguntando por las monjas a los que la madre Manuela respondió:
-¡Aquí estamos!
Las llevaron a todas, incluso la hermana Lucila, a la que tuvieron que bajar en una silla y que al parecer sufrió un ataque al corazón, a la checa de Fomento. Y de allí a fusilar a las tapias del cementerio de la Almudena, en la zona que caía ya dentro del término municipal de Vicálvaro. La hermana Rosaura de María, que para que no sospecharan de ella por no ser la superiora, era quien llevaba la comunión, la repartió antes del fusilamiento, según una testigo que declaró haber visto “cómo se han puesto de rodillas, mientras una de ellas les daba la comunión”. En efecto, entre los objetos que después se describirían, la hermana Rosaura llevaba “una cajita de reloj vacía”. El chófer, que las llevó desde la checa de Fomento, referirá a su esposa que “había llevado a fusilar a mujeres; y, que las había visto morir a todas, y la mayoría eran jóvenes; morían con la sonrisa en los labios y bendiciendo a Dios. ¡Qué mujeres! ¡Eran Adoratrices!”. Sus hermanas de congregación encontraron las fotos en la Dirección General de Seguridad (el edificio de la foto, en la calle Víctor Hugo 4, por el que pasaron innumerables mártires, aunque hoy nada lo recuerda).
El hospitalario era Joaquín Pina Piazuelo (hermano Acisclo), de 58 años, que con 37 había ingresado en el postulantado de Ciempozuelos, tomando el hábito de devoción como oblato, ya que por su falta de formación humana no podía profesar como religioso. Pasó por varios hospitales, encargándose de la vela nocturna de los enfermos y, en el asilo-hospital de Barcelona, del cuidado de niños escrofulosos. Durante la guerra, lo acogió la señora Sebastiana Escribano, en la calle Ríos Rosas del Barrio de San Gervasio. El 5 de noviembre, al mediodía, registraron los milicianos la casa y se llevaron a la señora y al religioso a la checa de San Elias. Según declaró ella, Pina fue sacado a fusilar en la noche del 10 de noviembre junto con muchos otros sacerdotes, religiosos y seglares.
El sacerdote albaceteño era Miguel Abdón Senén Díaz Sánchez, de 57 años, párroco de Caudete (su pueblo natal), que sin embargo había desarrollado antes tal labor como ecónomo de Santa Ana en Elda (Alicante) que cuando fue trasladado se reunieron 14.000 firmas para pedir que se quedara en Elda. Durante la guerra, no interrumpió su actividad sacerdotal clandestina hasta que fue detenido el día 14 de octubre y pasó al convento de los PP. Carmelitas convertido en cárcel. Al enterarse los milicianos de Elda que don Miguel estaba detenido, se trasladaron a Caudete para salvarlo, pero no pudieron hacer nada. El comité local lo sacó de la cárcel el 9 de noviembre con intención de llevarlo a Albacete. Mientras los milicianos cenaban en una posada, dejaron al sacerdote al cuidado de los dueños que le aconsejaron que huyera; pero él no quiso. A primera hora del día 10, llegó otro coche en el que recogieron a don Miguel para llevarlo a Almansa y al llegar junto al puente cerca de la venta de la Vega, lo asesinaron a tiros. La documentación de Caudete en la Causa General (legajo 1015, expediente 26, folio 3) da como fecha de su muerte el día 8, y la de Almansa (expediente 10, folio 6) da por hallado el cadáver el día 10.

La batalla legendaria del ARA San Juan

Domingo 14 de enero de 2018
El submarino del capitán Trama ingresó en el puerto de Norfolk bajo una niebla ominosa. Su misión secreta consistía en participar de una guerra ficticia. Fue recibido por altos oficiales de esa base naval y quedó al cuidado logístico del USS Canopus, un buque que abastecía a otros cinco submarinos clase Los Angeles. Gustavo Trama y sus hombres fueron alojados en tierra y agasajados bajo las usuales normas de la fraternidad del mar. El ARA San Juan había zarpado el 17 de febrero de 1994 desde Mar del Plata y estaba ahora en el Atlántico Norte por una única razón: la flota más poderosa de la Tierra utilizaba desde hacía décadas submarinos nucleares, y quería probar su sistema de detección y su capacidad de maniobra frente a una nave convencional. Acaso la leyenda y el prestigio del ARA San Luis hacían más interesante todo el operativo: aquel otro submarino diésel-eléctrico con torpedos filoguiados, primo mayor del San Juan, había vuelto literalmente locos a los tripulantes de la Royal Navy durante la guerra de Malvinas, y su derrotero era estudiado con admiración.
Trama llegaba a esas fechas con vasta experiencia. Había encontrado su vocación en el cine clásico de Ford, Fuller y Powell. Y se había sometido a esa escuela extremadamente rigurosa: años después él mismo ejercería allí como instructor de submarinistas y buzos tácticos. El oficio no es para cualquiera. En cuanto un aspirante ejecuta el "escape del submarino", dentro de un tanque de agua y a través de una escotilla, se descubre si verdaderamente posee la fibra necesaria para emprender esa épica. Es una prueba crucial, que prefigura una vida de navegaciones largas y espacios cortos, poco recomendable para los impacientes, los expansivos, los conflictivos y los claustrofóbicos. Un viejo chiste asegura que la Marina se divide entre los submarinistas y los que no pudieron serlo. En el bautismo del ARA San Juan tocaron la marcha "Viejos camaradas", que frasea: "Tanto en la necesidad como en el peligro, siempre manteniéndonos juntos". Ese himno también alude a la filosofía pragmática del "hoy es hoy", porque así es "la vida del guerrero".
En una sala de situación, Trama y los demás guerreros de la base de Norfolk fueron anoticiados acerca de la batalla estratégica y psicológica que daría comienzo cuanto antes. Partirían de una hipótesis territorial, el desembarco militar bajo presunto fuego hostil y el rescate de imaginarios rehenes que mantenían prisioneros en una embajada inexistente. Habría dos equipos: uno azul, que concentraría a la Segunda Flota, encargada de la recuperación, y uno rojo, que haría las veces de enemigo y trataría de impedir esas acciones. Los azules corrían con obvia ventaja: más de treinta unidades de línea, incluidos dos portaaviones, destructores, submarinos, buques logísticos y la nave Comando, el USS Mount Whitney. Los rojos, que tenían la orden de esconderse y atacar, eran solo tres fantasmas sumergibles; el San Juan estaba entre ellos. El ejercicio debería efectuarse en áreas de diversa profundidad, y Trama pensó íntimamente que se trataba de una cacería y que la mejor tecnología del mundo los buscaría para batirlos o neutralizarlos. Una ejercitación de semejante complejidad es mucho más que un juego: está en cuestión el orgullo y se vive como una guerra real.
El San Juan se sumergió al este del cabo Hatteras y se lanzó a la aventura de no ser descubierto y de lastimar a la US Navy. A partir de entonces hubo abordo silencio mortal y alerta constante. Los azules lanzaban desde el aire sonoboyas y los helicópteros rastrillaban con prismáticos y sonares la zona operacional. La embarcación argentina se cruzó con un submarino azul, que no llegó a detectarla, y más adelante, se metió entre varios pesqueros y navegó a plano de periscopio haciendo creer a todos que era uno de ellos. Esas jugadas son riesgosas: en zona de submarinos nucleares una colisión bajo el agua puede tener una dimensión extraordinaria, y las redes de pesca pueden malograr el ardid y causar accidentes fatales.
Durante jornadas de insomnio y atención completa, en situación de combate, el San Juan fue completamente invisible. Llegó a cursar tres días sin hacer snorkel, escuchando el acecho de los aviones, los helicópteros y los distintos barcos azules. Hasta que ubicados en una nueva área de patrulla, de pronto el sonarista le comunicó a Trama rumores acústicos inequívocos. Esta vez no se trataba de simples incursiones; la mismísima Segunda Flota del Atlántico Norte parecía encontrarse a pocas millas náuticas. Con los instrumentos, el capitán confirmó la presunción y concluyó que venían directamente hacia ellos; ordenó entre susurros avanzar también a su encuentro, pero con rumbo oblicuo. Todo indicaba que los destructores estaban formando una cortina protectora en la vanguardia. Frecuentemente, eso significa que protegen en el núcleo al buque Comando. Trama bajó la velocidad a tres nudos, especulando con la corriente, y dejó que los destructores lo pasaran por encima sin sospechar nada. Atravesó así la cortina, ordenó emersión a plano de periscopio y divisó el centro mismo de la formación a unos cinco mil metros. Se trataba efectivamente del USS Maunt Whitney. En un combate real, Trama habría disparado un solo torpedo: a esa distancia no hay forma de fallar, lo hubiera hundido de inmediato. Lo que hizo esta vez fue tomar una foto desde esa posición, volvió a sumergirse con sigilo y transmitió la novedad encriptada. Siguieron jugando al gato y al ratón con ese submarino endemoniado durante dos días más, hasta que fracasados todos los intentos de localización, les ordenaron reaparecer y volver a puerto. En el muelle, el comandante del bando rojo les gritaba: "¡Los vencimos!".
Al regresar a casa, Trama descubrió que había bajado ocho kilos y sospechó que esa misión lo perseguiría a lo largo de toda su carrera. De hecho, durante varios viajes profesionales sus colegas de otros países se encargaron de recordarle aquella proeza: el ejercicio fue un hito porque demostró la vigencia, la ubicuidad insólita, la mortífera eficacia de los submarinos convencionales. El capitán llegó a contralmirante y nunca consideró que aquel simulacro tuviera el valor de una hazaña. Hubiera preferido combatir en Malvinas con ese mismo buque y esa misma dotación. Pero existe un fuerte vínculo sentimental entre el comandante y la nave que lo arropó en aquella peripecia famosa. Es por eso que cuando la noticia de su desaparición le llegó por WhatsApp se le aceleró el pulso. Entre los 44 figuraba el suboficial principal Javier Gallardo, que en 1994 era su cabo de operaciones (infinidad de veces se acodaron juntos en la carta náutica para estudiar las corrientes), y también el hijo de su gran amigo, el capitán Jorge Bergallo, con quien compartieron vacaciones y crianza. A Trama y a Bergallo se unió otro profesor de la Escuela de Guerra Conjunta: Alejandro Kenny. El Ministerio de Defensa los sacó a los tres de su retiro y los nombró en una comisión cuyo objeto consiste en resolver, cueste lo que cueste, el doloroso enigma. Trama fue preparado para ser un guerrero; nunca imaginó que debería ser un detective. Y el ARA San Juan, su compañero más fiel, fue diseñado para volverse invisible al ojo humano. Hoy, librado a su suerte, sigue paradójicamente cumpliendo ese destino inescrutable. La vida es caprichosa, tiene vueltas sorprendentes, y el océano, como decía Borges, es un anti-guo lenguaje que ya nadie alcanza a descifrar.

Beata Francisca de la Encarnación, 13 de enero

Condenada a muerte por ser religiosa, durante la guerra civil española
Figura de cera que contiene los restos de Francisca de la Encarnación, Martos (Jaén, España)
Figura de cera que contiene los restos de Francisca de la Encarnación, Martos (Jaén, España)
«Había sido la humilde tornera del convento cuando fue condenada a muerte por el único ‘delito’ de ser religiosa, durante la guerra civil española. Perdió la vida defendiendo su virginidad en medio de un bárbaro asalto»
Por desgracia, la historia continúa ensangrentando sus páginas al cercenar brutalmente la vida de personas inocentes, cuyo único «delito» es profesar la fe, legítima opción canonizada en 1948 por la Declaración Universal de Derechos Humanos (artº. 2), aunque sigue siendo impunemente vulnerada. Los intolerantes, pertrechados en la fuerza de las armas y la cobardía de los improperios, han arrasado los altos ideales y nobles sueños de quienes únicamente hicieron del amor la senda de su acontecer.
En 1936, desde su misión de tornera, la religiosa española Francisca Espejo Martos escuchaba aterrorizada las pésimas noticias que penetraban por las rejas del convento trinitario de Martos, Jaén, su ciudad natal, atentando contra la paz que latía en la comunidad. El terror que le producían los clarines de muerte trazó provisionalmente una escurridiza pirueta sobre su vida al intervenir la priora, quien caritativamente la dispensó de su responsabilidad para ahorrarle sufrimientos, y hallarse a resguardo de los captores en casa de su hermano, por un tiempo. Pero su fin estaba ya trazado y dispuesta para ella la gloria del martirio.
Su biografía había comenzado el 2 de febrero de 1873, día de su nacimiento. Huérfana de madre y responsable de un hermano menor, cuando su padre se desposó nuevamente, se instaló junto a su tía Rosario, priora del convento trinitario, y siguió sus pasos en la vida religiosa. Profesó en 1894 y fue viendo caer las hojas del calendario entregada a la oración y realizando las labores domésticas con espíritu de mansedumbre y sencillez, siendo el paño de lágrimas de los pobres a los que socorría. Alguien que la conoció de cerca, sintetizó su ejemplar vida cotidiana diciendo: «Era muy buena; todo lo que se diga es poco».
Durante años nada hacía presagiar la tormenta que se cernía en el horizonte hasta que las llamas devoraron las iglesias de Nuestra Señora de la Villa y de San Amador la fatídica madrugada del 18 al 19 de julio de 1936. Dos días más tarde el convento de las madres trinitarias estaba en el punto de mira de los perversos sanguinarios que penetraron en el recinto y las dejaron desprovistas de todo, viéndose obligadas a buscar cobijo entre gentes de buen corazón. Junto a su tía, Encarnación siguió realizando en casa de su hermano lo que mejor sabía hacer: orar y trabajar. ¿Ofendían a alguien con este proceder?
Enero de 1937 vino cargado de malos augurios. El día 11, su tía, su cuñada y ella misma fueron apresadas. Su hermano, que les había precedido en este desatino, fue liberado. Entre el importante número de religiosos que estaban marcados de forma ignominiosa por los milicianos para derramar su sangre, algunos fueron liberados en medio de distintas circunstancias; en el caso de su tía Rosario, por motivos de avanzada edad y solo después de que los verdugos fueran increpados por un testigo de tan inhumana afrenta, ya que la religiosa caminaba penosamente por la calle hallándose entre los señalados para morir.
Las bendiciones habían llovido sobre la localidad con numerosas vocaciones y los que había determinado segar sus vidas decidieron reducir los ajusticiados eligiendo únicamente a los responsables de cada Orden. Sin embargo en el caso de las trinitarias detuvieron a dos erróneamente; una era Encarnación mientras la priora había quedado a salvo. En el calabozo compartía con otras religiosas temblores y angustia; veían pasar el tiempo unidas en la oración y alentadas por el ejemplo de los primeros mártires. Alguna de ellas se libró de la muerte. Pero la presión ejercida por el responsable de su excarcelación no pudo extenderse a las restantes. Y el 13 de enero las obligaron a subir a una destartalada camioneta conduciéndolas a varios kilómetros distantes de su localidad natal, concretamente a Casillas de Martos.
La bajeza y brutalidad de los asesinos se mostró con toda su crudeza cuando después de fusilar cobardemente frente a una tapia a los numerosos varones que habían capturado, se propusieron violentar a las tres religiosas, una de ellas Encarnación, en el barranco que se hallaba enfrente del cementerio. Ellas se defendieron con uñas y dientes. Y en medio de tan bárbara lucha, los viles verdugos, contrariados e impotentes, al no lograr sus propósitos dejaron fluir toda su rabia destrozando el cráneo de la beata con varios culatazos de escopeta; su cuerpo abandonado mostraba huellas estremecedoras de fiereza. Encarnación tenía entonces 64 años. Benedicto XVI la beatificó el 28 de octubre de 2007. Su cuerpo incorrupto se conserva en el monasterio de la Santísima Trinidad de Martos.


Así se repartieron el mundo España y Portugal en 1494: el Testamento de Adán que detestaba Francia

Durante unas durísimas negociaciones, España aceptó en Tordesillas que se realizara una división por meridianos como planteaba la bula «Inter caetera», si bien de forma más favorable a los intereses portugueses de la planteada por el Papa valenciano Alejandro VI

 

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Francia reclamó al Papa con insistencia ver el testamento de Adán ante las sucesivas bulas papales que reconocían la preeminencia española en la conquista de América. «El sol luce para mí como para otros. Querría ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del mundo y le deja todo a castellanos y portugueses», exclamó sobre los términos del Tratado de Tordesillas.
En España y Portugal se llamaba directamente Testamento de Adán al Tratado de Tordesillas. Un acuerdo entre ambos países, donde medió el Papa valenciano Alejandro VI, para delimitar los territorios que Cristóbal Colón descubrió sin saberlo en 1492. Todo un continente repartido entre las dos grandes potencias imperiales de su tiempo. Y nada pudo hacer Francia, ni Inglaterra, ni Turquía frente a aquella preeminencia. Según concluyeron sus enemigos, es como si únicamente los ibéricos fueran hijos de Adán.
Como explica Carlos Canales y Miguel del Rey en «Las Reglas del Viento: cara y cruz de la Armada Española en el siglo XVI», «a partir del descubrimiento de nuevas tierras en el hemisferio occidental la historia cambió y se abrió una nueva era para la humanidad». Poca veces a lo largo de los tiempos ocurrieron tantas cosas importantes en una única década, la de 1490, es decir, la de 1492. A partir de esa fecha, los marineros españoles, portugueses y los italianos bajo su mando dibujaron un nuevo mundo repleto de riquezas y de posibilidades. Los océanos que no controlaba España era porque, de hecho, los dominaba Portugal. Rara vez en la historia se ha vivido un dominio igual de dos países sobre el resto del planeta.

El Descubrimiento de Colón cambia el mundo

Al finalizar en 1479 la Guerra de Sucesión castellana, que involucró a Portugal a favor de Juana la «Beltraneja» en contra de los Reyes Católicos, se firmó el Tratado de Alcáçovas y se dio inicio a un periodo de acercamiento entre España y Portugal. El texto, además, dirimió varios asuntos territoriales pendientes entre ambas Coronas: las Islas Canarias pertenecían por derecho a Castilla; el reino de Fez, las islas Azores y Madeira, Cabo Verde, la Guinea y el derecho de navegación más allá de las Canarias, se le reconocían a Portugal. Si bien la navegación y el comercio atlántico no eran en ese momento una prioridad para los españoles, más tarde ese mismo tratado iba a suponer un obstáculo para las ambiciones hispánicas.
La culpa de todo la tuvo un navegante supuestamente genovés, Cristóbal Colón. Tras ser rechazado su proyecto en la corte portuguesa de viajar hacia Occidente hasta dar con Cipango (Japón), logró que los Reyes Católicos lo financiaran. Es por esa espina clavada en su ego que Colón hizo escala en Lisboa en su viaje de vuelta y alardeó ante Juan II de que, después de todo, su descubrimiento sí había merecido la pena. A nivel internacional aquel gesto desencadenó una guerra. El Rey de Portugal creía que los términos del tratado de Alcáçovas habían sido violados con lo hallado por Colón y levantó una armada en las Azores para reivindicar los derechos sobre el Descubrimiento.
Por el contrario, Fernando de Aragón no movilizó ninguna flota. Inició una ofensiva diplomática dirigida a obligar al Papa valenciano Alejandro VI a que «leyera en alto» el testamento de Adán e impulsara a España en su misión de evangelizar el nuevo mundo. Sus relaciones en ese momento con los Borgia eran buenas y pensaba sacar partido de sus concesiones aragonesas a la familia valenciana en la península: había apoyado que César fuera designado arzobispo de Valencia y que Juan se casara con una prima del Rey.
No le decepcionó el segundo de los papas españoles. Alejandro VI había llegado al papado precisamente en 1492 (el año del Descubrimiento de Cristóbal Colón) y al regreso del navegante dictó cinco bulas en cuestión de un año («Inter caetera», «Piis fidelium», «Inter caetera» de mayo, «Eximie devotionis» y «Dudum siquidem») que reconocían los derechos españoles sobre las nuevas tierras, como explica Carlos Canales y Miguel del Rey en el citado libro.
Estas bulas derogaban anteriores dictados y anulaban, a ojos de Dios, los tratados que reconocían los derechos portugueses en los mares y tierras africanos más allá de Canarias. Hasta tal punto que la «Eximie devotionis» fue otorgada por vía extraordinaria secreta y otorgaba a los Reyes Católicos los indultos y privilegios otorgados antes a Portugal en sus territorios de ultramar.

El Tratado de Tordesillas, un reparto histórico

Obviamente, Juan II prefirió ignorar el arbitraje pontificio y hablar directamente con los Reyes Católicos. El Papa está comprado, debió pensar el portugués como si se tratara de un árbitro de fútbol sospechoso de favorecer a uno de los equipos.
Tordesillas (Valladolid), donde años después se marchitaría Juana la Loca, fue el lugar elegido para iniciar las negociaciones entre ambos países en 1494. Los Reyes Católicos fueron representados por Enrique Enríquez de Guzmán, mayordomo mayor de los reyes, Gutierre de Cárdenas, comendador mayor de la Orden de Santiago y contador real, y el doctor Francisco Maldonado; mientras que Juan II envió a Ruy de Sousa, su hijo Juan de Sousa y el magistrado Arias de Almadana.
Se dividió el Atlántico y los territorios que había hallado Castilla por un meridiano fijado a 370 leguas del archipiélago de Cabo Verde
¿Qué buscaba exactamente Portugal? En verdad todavía no se conocía la magnitud del Descubrimiento. No había razón para discutir por el reparto de algo desconocido, salvo porque el auténtico objetivo del Rey Juan II era mantener abierta la ruta con la India, tan lucrativa para Portugal desde que Turquía bloqueara las rutas mediterráneas.
En principio la propuesta portuguesa era realizar una partición de territorios basada en latitudes, de modo que sus barcos pudieran dirigirse a la India bordeando África o a directamente a través del Océano Atlántico por el sur. Tras unas durísimas negociaciones, la respuesta española fue que, al contrario, la división se mantuviera por meridianos como planteaba la bula «Inter caetera», si bien de forma más favorable a los portugueses de la planteada por el Papa. Los portugueses aceptaron el arreglo. No así el Pontífice que, a modo de protesta, nunca confirmó el tratado y hubo que esperar a que Julio II lo hiciese por medio de la bula «Ea quae pro bono pacis» en 1506.
Así, el texto reservaba para Portugal el Atlántico y los territorios que había hallado Castilla por un meridiano fijado a 370 leguas del archipiélago de Cabo Verde. A España se le reconoció la libre navegación por las aguas del lado portugués para viajar a América y se le otorgó derechos de evangelización y soberanía en las nuevas tierras occidentales. En la totalidad de esas tierras. O al menos eso era lo que se pensaba.
La incapacidad técnica de realizar una partición exacta a lo firmado el 7 de junio de 1494 dio lugar a una serie de conflictos entre ambos países. En el año 1498 se descubrió una nueva ruta hasta la India y en 1500 Brasil, un territorio que se encontraba en la parte portuguesa del Tratado de Tordesillas. Pedro Álvares Cabral llegó a este territorio en abril de 1500 y, amparado en el tratado, procedió a tomar posesión en nombre del Rey de Portugal. No en vano, se trató de la fecha del «descubrimiento oficial», puesto que el español Vicente Pinzón ya había estado en los últimos días del mes de enero del año 1500 en el cabo de Santa María de la Consolación (identificado actualmente como cabo de San Agustín).
Escudados en que se trataba de un error de medición, los portugueses transgredieron con creces las fronteras que les señalaba la línea de Tordesillas
A partir de 1530, la corona portuguesa inició la colonización de Brasil y expulsó a los franceses que merodeaban por las islas cercanas. Y no solo eso. Portugal transgredió en su colonización del continente americano la demarcación del Tratado de Tordesillas al avanzar paulatinamente desde el Brasil hacia el oeste y sur de América del Sur. Escudados en que se trataba de un error de medición, los portugueses sobrepasaron con creces las fronteras que señalaba la línea de Tordesillas. Las líneas del actual Brasil son el resultado de la carencia de instrumentos para determinar bien los meridianos y de las transgresiones portuguesas sobre el tratado.
En cualquier caso durante sesenta años el tratado dejó de tener sentido legal con la unión dinástica y se terminaron parcialmente los conflictos territoriales. Los dos imperios que dominaban el mundo quedaron sellados bajo una misma monarquía.
Cuando en 1578 el Rey de Portugal Sebastián I de Avís perdió la vida en una demencial incursión por el norte de África, Felipe II –emparentado con la dinastía portuguesa por vía materna– desplegó una contundente campaña a nivel diplomático para postularse como el heredero a la Corona lusa, que fue asumida brevemente por el Cardenal-infante don Enrique hasta su muerte. «El reino de Portugal lo heredé, lo compré y lo conquisté», aseguraría Felipe II. El Rey Prudente contaba con el apoyo de buena parte de la nobleza portuguesa y el beneplácito de las potencias europeas (más bien resignación), pero el levantamiento popular promovido por Antonio, el Prior de Crato, hijo bastardo del infante Luis de Portugal, obligó al Imperio español a iniciar las operaciones militares.

La muerte del acuerdo: Tratado de Madrid

El país vecino rindió pleitesía a Felipe II en abril de 1581, siendo coronado como Felipe I de Portugal. El imperio donde no se ponía el sol suponía, en la práctica, un conjunto de territorios con sus propias estructuras institucionales y ordenamientos jurídicos, diferentes y particulares, que se hallaban gobernados por los monarcas españoles de la Casa de Austria o por sus representantes. Entre 1580 y 1640, los portugueses se cuidaron de ser ellos quienes gestionaban su imperio comercial bajo la supervisión general de Madrid, que abrió todo el mercado americano a los insaciables comerciante portugueses.
No fueron los castellanos los que penetraron en las posesiones portuguesas, como tanto temieron aquellos que siguieron al Prior Antonio en sus revueltas, sino todo lo contrario. A principios del siglo XVII se sucedieron las quejas contra los omnipresentes comerciantes portugueses por parte de colonos castellanos, mexicanos, peruanos: «Los portugueses cada vez son más en las Indias españolas y llegan en todas las flotas, mientras que tienen buen cuidado en mantener a los castellanos alejados de las Indias Orientales».
Además, los reyes otorgaron a exploradores portugueses capitanías y concesiones en la cuenca amazónico, penetrando los portugueses profundamente en la selva brasileña más allá de lo delimitado en Tordesillas. De este modo, cuando en 1640 se produjo la independencia de Portugal, los portugueses habían ampliado notablemente sus posesiones en virtud del precepto «Uti possidetis, ita possideatis» (quien posee de hecho, debe poseer de derecho).
La independencia de Portugal y la sucesiva guerra entre ambos países dio lugar a que se transgrediera todavía más el maltrecho Tratado de Tordesillas, porque tanto España como Portugal establecieron nuevas ciudades en los territorios controlados por su enemigo. Hubo que esperar al Tratado de Madrid, firmado por Fernando VI de España y Juan V de Portugal el 13 de enero de 1750, para certificar oficialmente la muerte del de Tordesillas y definir los límites entre las respectivas colonias portuguesas y españolas en América del Sur.

Detuvieron a la cúpula de la UOCRA de Bahía Blanca: su líder tenía más de 5 millones de pesos y USD 100 mil en su casa

Se realizaron múltiples procedimientos simultáneos. Los gremialistas habían sido denunciados públicamente por la gobernadora María Eugenia Vidal
Diez dirigentes sindicales que hasta octubre del 2017 integraban la conducción del gremio de la construcción (UOCRA) en Bahía Blanca fueron detenidos esta madrugada, en un megaoperativo realizado por la Policía Bonaerense por orden del fiscal Gustavo Zorzano que incluyó 19 allanamientos simultáneos. Entre los apresados, se encuentra Humberto Monteros, máximo referente local del sindicato. Hay otras cuatro personas que aún son buscadas.
Los gremialistas son investigados por asociación ilícita y extorsión a raíz de una denuncia presentada por varios empresarios del sector y por la propia gobernadora María Eugenia Vidal.
Monteros fue detenido en su vivienda de la localidad balnearia de Monte Hermoso y en su poder tenía tres valijas con 5.252.000 pesos y USD 100 mil, según informaron fuentes oficiales a Infobae. También se realizaron otros operativos en Coronel Suárez. Tal es la magnitud del procedimiento, que son coordinados personalmente por el jefe de la Policía bonaerense.
Julio Conte Grand, procurador bonaerense, informó que se confiscó "una serie de efectos que es la base para la continuidad de la investigación, que tiene como objetivo llegar a la conclusión de la efectiva comisión del delito de extorsión, que prevé penas de hasta 20 años para las personas involucradas".
Desde la conducción de la UOCRA nacional aseguraron que la seccional había sido intervenida el año pasado por Ricardo Rodríguez y las personas detenidas ya no ostentaban la representación gremial. 
(Foto: Gentileza La Nueva)
(Foto: Gentileza La Nueva)
Este es uno de los bolsos que le incautaron a Monteros
Este es uno de los bolsos que le incautaron a Monteros
Monteros es considerado el "Pata" Medina de Bahía Blanca. Su secretario adjunto, José Burgos, fue denunciado públicamente  por Vidal en septiembre, cuando la mandataria lo acusó de frenar las obras de refacción de cuatro rutas en el sur de la provincia de Buenos Aires:  "No solo pide una remuneración que no estaba en el convenio, sino que además quiere obligar a los contratistas a contratar determinados proveedores de comida, transporte y equipamiento en un acto que es claramente corrupto; es una mafia".
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Monteros quedó en la mira de los investigadores por la compra de un departamento, cuatro autos de alta gama de distintas marcas y por la ampliación y remodelación de una casa. También fue cuestionado por no poder explicar el origen del dinero que utilizó para fundar varias empresas, entre ellas una de combis y una rotisería que era prestadora del sindicato.  Antes de desembarcar como secretario general de la UOCRA, declaró que vivía en una casilla montada sobre un terreno ocupado.
"El procedimiento ha sido muy exitoso. Es una tarea que hizo el fiscal Zorzano en conjunto con la Policía de la provincia de Buenos Aires. La envergadura que tiene esto en términos institucionales queda de manifiesto por la envergadura del procedimiento", informó Conte Grand.
Humberto Monteros
Humberto Monteros
(Foto: Emiliano Marconetto)
(Foto: Emiliano Marconetto)
El fiscal general de Bahía Blanca Juan Pablo Fernández aseguró que en la investigación se determinó que Burgos y Monteros lideraron un asociación ilícita que tenía un modus operandi a través del cual extorsionaban a empresarios de la construcción. "Les exigían que abonen personalmente sumas de dinero o que contraten con empresas de ellos mismos con sobreprecios que les dejaban ganancias inusitadas bajo apercibimiento de paralizar las obras, quemar gomas, hacer asambleas", detalló en diálogo con el periodista Germán Sasso.
"Los reclamos de naturaleza sindical eran excusas que se utilizaban para frenar las obras. Cuando los empresarios pagaban, los reclamos sindicales dejaban de existir. Entonces, no era verdad que existía una reivindicación laboral o el trabajador, lo que se buscaban eran pretextos para sacar dinero en beneficio propio", agregó.

¿Qué es de la vida del periodista Nicolás Kasanzew, "la cara de Malvinas"?

Fue corresponsal de tres guerras y afirma haber sido prohibido; habló con LA NACION sobre su presente, las islas y su nuevo amor
Nicolás Kasanzew habló de su presente con La Nación
Nicolás Kasanzew habló de su presente con La Nación. Foto: LA NACION
Hay una generación que lo recuerda vagamente: con su abrigo amplio, polera, micrófono en mano. Con sus 34 años, el habla clara, la mirada expectante. Sus interlocutores tienen cascos verdes y medias sonrisas. El escenario: una perla austral perdida... No. Querida. Fría, ventosa, lejana. Triste. Nuestra. El recuerdo, en blanco y negro o en tecnicolor, suena también con esa marcha, con una plaza que grita ´vivas´ y también abuchea, y con voces maternas que aconsejan: "Comé todo, que los soldaditos de Malvinas no tienen qué comer". Cartas, sweaters y chocolates en cajas. El pensamiento, también vago, en las cabezas de quienes fueron niños en el '82: "Seguramente ya va a mostrar cómo les llega todo esto a los soldados... héroes".
Nicolás Kasanzew , en un mediodía cálido, entra en el icónico Florida Garden para hablar con LA NACIÓN. El bar notable, que supo recibir a glorias pasadas como Jorge Luis Borges, fue elegido por él como punto de encuentro. Quien fue el cronista de guerra del antes llamado Canal 7 llega con una camisa celeste y pantalón de vestir. Elegante, saluda con amabilidad. Se disculpa por los pocos minutos de demora. El habla clara, la mirada opaca. Viene de Maswichtz, donde vive. Sus ojos, durante la entrevista, se iluminarán al hablar de la adrenalina del periodismo, al dar algún dato que puede generar polémica y cuando presenta a su flamante esposa, Teresa. Sí, Kasanzew llega acompañado por la mujer con la que se casó hace pocas semanas. Jovial, simpática, de colores.
Kasanzew nació en 1948 en Rusia y a los cinco meses viajó con su familia a la Argentina. Los hechos bélicos parecen signar la vida de este periodista que es hijo de un militar que luchó en la Segunda Guerra Mundial y es descendiente de oficiales del Ejército del Zar. Si bien la consigna es hablar sobre su vida actual, las islas son un terreno obligado. Más cuando este año se cumplen 175 años del desembarco inglés en lo que es parte de la plataforma marítima argentina. Y más, cuando su trabajo como periodista en el país se entorpeció luego de la guerra. Dice que lo prohibieron tanto los militares como el gobierno democrático de Raúl Alfonsín.
Será por eso que aún hoy el nombre Kasanzew sigue sonando a Malvinas para muchos. Su carrera periodística excede en décadas los 74 días que duró la guerra contra los ingleses, pero no le molesta seguir cargando ese abrigo amplio, polera y micrófono. Hace una causa de ello: "Alguien tiene que contar la guerra", explica. Quiere desenterrar a los soldados vivos y muertos de la llamada desmalvinización, la campaña por la cual se estigmatizó y se pasó al olvido todo lo relacionado con la gesta. Explica que los militares quisieron despegarse de la derrota y los gobiernos democráticos, que le siguieron, alejarse de toda relación con la dictadura, "a pesar de las grandezas que se dieron en batalla", dice.
Un mozo, de esos que se peinan al costado y usan un impecable saco blanco, sirve café con leche al periodista y a Teresa.
- ¿Por qué ocultar las grandezas y no capitalizarlas, ya en democracia?
- Mirá, uno de los grandes desmalvinizadores fue Ricardo Alfonsín por una cuestión increíblemente personal.
Toma un trago de su taza y se prepara para dar el dato que iluminará su mirada con una media sonrisa.
-Muchas veces la pequeña historia explica la gran historia. Hubo una camada del liceo militar donde estaba Alfonsín, Eduardo Albano Harguindeguy, Jorge Anaya y Leopoldo Fortunato Galtieri. Aparentemente, Alfonsín era considerado el gordito gilún al que Galtieri molestaba y Harguindeguy defendía. Esa relación de amor odio siguió toda la vida. Cuando empiezan a meter presos a los militares [en la vuelta de la democracia], dejan libre al principal responsable de la desaparición de personas que era el ministro del interior, Harguindeguy. No lo tocaron nunca porque era amigo personal de Alfonsín. Alfonsín le tenía una tirria tal a Galtieri que hasta prohibió festejar el 2 de abril [día en el que los argentinos desembarcaron en las islas]. Justicia poética: a él lo enterraron un 2 de abril. El entendía que Galtieri había entrado en la historia, entonces cuando propone pasar la Capital Federal a Carmen de Patagones, Viedma, un periodista le dice: ´Pero, presidente, esto va a salir muchísimo dinero´. A lo que él le dice: ´La guerra de Malvinas también salió muy cara´. Estaba compitiendo con Galtieri.
Kasanzaew dice que las razones para desmalvinizar se basaban en la relación directa entre la dictadura y la guerra. "Son dos cosas diferentes. La decisión de desembarcar en las islas no fue una ´locura de un borracho´", explica, en referencia al entonces jefe del gobierno de facto Galtieri. Afirma, en cambio, que los militares "pisaron el palito" de Inglaterra y los Estados Unidos. Que en el 82 el gobierno de Margaret Thatcher y el almirantazgo inglés estaban en crisis y que una victoria frente a un gobierno militar sudamericano les ayudaría a levantar su imagen. Incluso, asegura que por eso la mandataria ganó más tarde las elecciones. Sería similar el beneficio para los militares argentinos, a quienes se les había asegurado una victoria gracias al apoyo de los Estados Unidos, que jamás se dio.
- Los militares de alto rango no tienen perdón. Eran militares de escritorio. Los que se destacaron fueron los oficiales jóvenes, los suboficiales y los soldados. Con Alfredo Lamela, el camarógrafo, hacíamos una broma en nuestras recorridas, decíamos que si veíamos a alguien de un grado superior de teniente primero, teníamos que pedir un deseo porque era como encontrar un trébol de cuatro hojas. Lo triste es que después los soldados volvieron escondidos, entre gallos y medianoche. La población argentina, exitista, no los recibió como héroes. Les decían ´cagones, perdieron la guerra´.
Kasanzew, el día en que le permitieron disparar un ca?ón de 105 mm contra los ingleses, en Malvinas
Kasanzew, el día en que le permitieron disparar un ca?ón de 105 mm contra los ingleses, en Malvinas. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
A él, como a muchos ex combatientes, le tocó el no conseguir trabajo al volver de la guerra. "Un periodista de la NBC, Charly Gómez, - dice- a quien conocí cuando cubrí la guerra civil en Nicaragua para Mónica Presenta, me dijo: ´Felicitaciones, de ahora en más ni vos ni tus hijos van a tener problemas de trabajo en la Argentina´. Pero qué equivocado estaba. Es que en otros lugares del mundo la experiencia bélica habla de liderazgo, de resiliencia, de equipo. A mí me prohibieron el secretario de Cultura de Alfonsín, Carlos Gorostiza, y su subsecretario, Marcos Aguinis. No podía trabajar en los medios. Era la cara de Malvinas".
- ¿Qué sintió en ese momento?
- Después de la guerra, los combatientes suelen tener pesadillas con la muerte; yo comencé a tener pesadillas recurrentes con que me quedaba sin trabajo. Es lo peor que me puede pasar.
- Lo relacionaban también con los discursos triunfalistas. Gómez Fuentes, el conductor del 7 que presentaba sus informes desde Malvinas, afirmaba que estábamos ganando...
-El sí, pero yo nunca fui propagandista, yo era periodista. Lo puedo comprobar por ejemplo con los telex que le enviaba a la revista Siete Días, después me sacaban y ponían lo que querían. Nunca dije que ganábamos. Imaginate que el 90% de lo que grabamos con Alfredo Lamela, el camarógrafo, fue destruido por los censores. Si yo hubiese sido coincidente con la censura eso no pasaba. Yo desafié a Gabriela Cerrutti a que encontrara una frase exitista en todo el material fílmico.
La última frase hace referencia a quien hace 10 años era legisladora porteña y que pidió bajo ese argumento que el periodista no cobrara la pensión de guerra dada a los que estuvieron en las islas durante el conflicto armado (civiles y militares).
Luego de Malvinas y colaboraciones esporádicas en algunos medios, dejó la Argentina a principios de los 90 con ofertas de trabajo desde Miami. Allí trabajó 17 años en varios medios hispanohablantes, como Univisión y la NBC. Cuenta que su carrera no se basa sólo en ser corresponsal de guerra: "Lo mío era el magazine, entrevisté a personalidades como Muhammad Ali, a Henry Kissinger, a la doctora Ana Aslan, la precursora de los tratamientos antienvejecimiento, y más".

Kasanzew, el trovador

Kasanzew, el hoy de la cara de la guerra de Malvinas
Kasanzew, el hoy de la cara de la guerra de Malvinas. Foto: LA NACION
Kasansew también escribe canciones. Sí, las musicaliza un amigo de él y otro le pone la voz. Una de las primeras que escribió se la dedicó a un soldado de Malvinas. "En la guerra hubo actos de amor desinteresados. Oficiales y soldados dieron la vida por gente de la que no sabía quizá ni el nombre -cuenta-. Le escribí una canción al soldado Jiménez, el Sombra, porque como era soltero y sin hijos decía: ´Mandame al Pucará a mí que ese es papá y yo no´. O ´que está casado y yo no´. Y así murió".
Son varias las canciones que Kasanzew escribió inspirado en Malvinas y las compiló en el disco Quijotes de Malvinas. Su última composición se la dedicó a Teresa, video incluido. Pero ella no quiere ser la protagonista de la entrevista. Con una sonrisa, dice: "Hablá de las charlas que das por el país. Los chicos quedan encantados cuando lo escuchan". Teresa es consultora de prensa y se hace un tiempo en su profesión para acompañarlo.

Cómo explicar la guerra

Kasanzew en uno de los cráteres dejado por bombas inglesas de 500 kilos
Kasanzew en uno de los cráteres dejado por bombas inglesas de 500 kilos. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
Otra de las actividades actuales de Kasanzew es dar charlas por el país sobre su paso por las islas. Cuenta que en el sur es donde más interés suscita. Que los jóvenes se sienten inspirados en los relatos sobre los héroes y sus gestos, lo cual sirve para un reconocimiento real, más allá de los discursos. Aunque aclara que si bien ese es su granito de arena, una reivindicación oficial sería lo mejor.
-¿Qué opina del acuerdo del Gobierno con Inglaterra para la identificación de los restos de soldados en el cementerio de Darwin? ¿Puede ser eso una manera de reivindicación?
- El mérito de este gobierno sería dejar de darle la espalda a los combatientes. Cuando hace un par de años desfilaban después de las tropas en el desfile del 9 de julio en Buenos Aires, Macri se retiró del palco antes de que pasaran y volvió una vez que ya habían pasado. Entiendo la importancia que tiene para las madres de los caídos la identificación de sus hijos, pero pienso que eso no constituye una reivindicación. La reivindicación esperada es que los reconozca la sociedad argentina como honrosos defensores de la patria y se deje atrás el clisé infamante de supuestos chicos de la guerra.
-¿Vio la lista de los 88 identificados?
- No la vi, pero es probable que haya algunos que conocí. Por ejemplo, conocí al soldado Elbio Araujo, le saqué una foto y muchos años después cuando se la mostré a su hermana Maria Fernanda, lo identificó como su hermano. Se emocionó mucho y me contó su historia, que yo publiqué en mi libro La pasión según Malvinas. María Fernanda me dijo en ese momento que no tenían ninguna foto de su hermano en Malvinas.
-¿Lloró en Malvinas por la muerte de algún combatiente?
-Cinco personas con las que compartí muchos momentos en Malvinas, murieron en combate. Los lloré a los cinco.
Kasanzew, hablando con el ametralladorista Herrera, en Malvinas
Kasanzew, hablando con el ametralladorista Herrera, en Malvinas. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
-¿Influyó el kirchnerismo en un avance en la reivindicación de los soldados?
-El kirchnerismo siguió con la desmalvinización e inclusive la profundizó. Puso como referente de Malvinas a alguien que jamás peleó, Edgardo Esteban, un tipo del grupo de artillería 4 que apenas empezó la guerra entró en pánico. Su jefe le tuvo lástima y lo puso en una casilla del pueblo. Una noche se negó a hacer una guardia y fue en su lugar otro soldado. Cayó una bomba y lo mató. Fatalidad. Pero el tipo volvió y dijo que sus compañeros eran los cobardes. Y a él, que no peleó y fue un cobarde, Cristina lo puso como referente de la guerra de Malvinas.
-¿En qué la beneficiaba hacer eso?
-Servía para seguir demonizando a los militares porque ese era el discurso. Ellos [por los kirchneristas] eligieron a los militares como enemigo para que los organismos de derechos humanos y la izquierda hicieran la vista gorda ante el latrocinio: ´Roban, pero juzgan´.
-¿En qué sumaría el reconocimiento histórico de los soldados y de la guerra, desterrar la desmalvinización?
-Es un tónico moral para la población, mostrar que hay gente que se juega a cambio de nada, por amor. Los héroes son los únicos que pueden transmitir valores eternos. El coraje, la abnegación, la generosidad. No se pueden transmitir valores con discursos, porque los chicos no escuchan discursos. Sólo con ejemplos. Si se pudiera transmitir el amor desinteresado al país que tanta falta le hace, ese mismo de quienes dieron la vida por él, hasta la corrupción bajaría. Por eso el culto a los héroes es esencial en cualquier país del mundo. Hoy tenemos héroes de carne y hueso, el equivalente del Sargento Cabral, y no los aprovechamos.
Kasanzew, el hoy de la cara de la guerra de Malvinas
Kasanzew, el hoy de la cara de la guerra de Malvinas. Foto: LA NACION
- Usted defendió a un par de militares que son acusados de violación a los derechos humanos como Enrique Stel y ...
-Sí, y pongo las manos en el fuego de que jamás habrían cumplido una orden aberrante.
- ¿Por qué lo hace? Una cosa es lo que usted vio en Malvinas y otra lo que ellos habrían hecho durante el proceso.
-Porque sé que son tipos de honor. Además, algunos de los juicios están armados con testigos preparados, testimonios armados.
-¿También las denuncias contra César Milani, ex jefe del Ejército del gobierno de Cristina?
-De él creo cualquier cosa. Un tipo que es chorro, es inmoral en todas las esferas.

Deber y amor, según un corresponsal de guerra

Kasanzew en una cobertura, en 1975, festejando con los pilotos tras haber volado en un Mirage
Kasanzew en una cobertura, en 1975, festejando con los pilotos tras haber volado en un Mirage. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
En el bar una pantalla suscita interés. El zócalo reza que en el submarino Ara San Juan habría habido una explosión. Las imágenes muestran a los familiares gritar con las manos hacia el cielo. Un mozo sube un poco el volumen. Teresa se lamenta. Las imágenes inspiran una conversación sobre "los 44". Kasanzew aporta su experiencia como corresponsal de guerra y conocedor del paño militar, aunque aclara que él no se especializa en ese tema.
- Hay familiares del personal del submarino que sabían que no tenía mantenimiento. Uno tiende a preguntarse ´si la tripulación lo sabía, ¿por qué se presta a subir?´
-Porque es su deber, es gente de deber y amor. En la guerra de Malvinas teníamos aviones modernos como los Thunder y A 4 de 1950 y pico con los cuales diezmamos a la flota inglesa y los pilotos salían con los asientos eyectables vencidos. Después de Malvinas las proezas de los pilotos argentinos cambiaron las estrategias en todos los ejércitos del mundo. Un capitán, Carballo, un héroe de la aviación argentina, va a los Estados Unidos a una charla y un oficial le pregunta: ´Cuando usted escuchaba la alerta del radar warning que tenía un avión atrás, ¿qué sentía?´. ´Nada´, le contestó. ´Ah, qué valiente´. ´No, no tenía radar warning´.
- Lo que pasa hoy con los submarinos, ¿pasó en Malvinas?
-No. En los años previos al golpe de Estado se había acumulado mucho material bélico nuevo, pero así como teníamos equipamiento de muy buen nivel, teníamos equipamiento obsoleto. Pero antes tenían horas de vuelo, entrenamiento. Ahora estamos atrasadísimos en todo, cuando todos los países vecinos están armados hasta los dientes. El año que viene tenemos el G20 y no tenemos aviones con los cuales brindarles seguridad a los estadistas. Se está hablando de contratar pilotos extranjeros. Llegar a que nuestro cielo sea custodiado por aviones extranjeros...

La vida de Kasanzew, amor y futuro

Kasanzew y Teresa, posando para LA NACION
Kasanzew y Teresa, posando para LA NACION. Foto: LA NACION
Kasanzew vivió en los Estados Unidos junto a quien era su esposa y sus cuatro hijos varones. Con el tiempo, dos de ellos abrazaron el periodismo. Pero él no quiere hablar de sus herederos. Hace un par de años volvió solo al país para sentar raíces nuevamente. Participó en algunos programas de televisiónpara hablar de Malvinas y luego recibió un par de ofertas de trabajo que quedaron en nada.
Kasanzew en la planta nuclear de Chernobyl
Kasanzew en la planta nuclear de Chernobyl. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
Kasanzew cubriendo la guerra civil en Nicaragua
Kasanzew cubriendo la guerra civil en Nicaragua. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
Ahora está escribiendo otro libro. "Es sobre mis andanzas por el mundo: guerras, personajes, experiencias únicas", dice. Sus anteriores libros también hablaron de sus recorridos: El Zar y la Revolución; La pasión según Malvinas, Malvinas a sangre y fuego.
Este año se reencontró con Teresa, de quien se había enamorado hace muchos años, pero la vida los había separado. Facebook de por medio, se contactaron, se dieron likes, se enviaron besos en comentarios de fotos, y vieron que aún estaban enamorados. Ambos cuentan su historia con entusiasmo. Él le ofreció casamiento en el primer reencuentro. Ella se rió. "Me pareció que lo decía porque es un amoroso, sólo eso", recuerda ella. Al poco tiempo estaban juntos, en un casamiento a plena luz del día.
Kasanzew con su flamante esposa, Teresa
Kasanzew con su flamante esposa, Teresa. Foto: Gentileza Nicolás Kasanzew
"En enero viajamos a Miami porque tengo el proyecto de hacer un programa sobre historias de vida extremas. Están interesados, pero a mí me gustaría trabajar acá. No me quiero ir. La tele está lleno de chismes, hasta en los noticieros, un programa así acá sería interesante", dice sobre sus planes y deseos a futuro.
Su esposa explica que la imagen del periodista aún está muy relacionada con Malvinas y eso es una traba para que consiga trabajo en la Argentina. El opina que quizás no es tan así. Sabe idiomas, sabe ruso, fue corresponsal de tres guerras y una colega una vez le dijo que esas características y su experiencia levantaban demasiado la vara y eso daba recelos. Se habla del Mundial que se viene, en su Rusia natal. Comenta que su hijo, que trabaja en Univisión como periodista deportivo, ya le pidió data, incluso sobre Kissinger, a quien entrevistará 30 años después de que él mismo lo hizo.
Teresa saca su celular. "Mirá las fotos de la boda", dice con una sonrisa. Cuenta que la celebración, con sólo 50 personas, fue muy agradable, amorosa, que por su parte fue su familia más cercana, fueron sus sobrinos, "sus chicos". También relata que estuvieron presentes dos de los hijos de Nicolás. Él escucha como ausente, hasta que repara en una de las imágenes y dice: "Este señor era amigo de mi papá, lucharon en la Segunda Guerra Mundial codo a codo, cumplió 94 años y está enterísimo. Anda todos los días en bicicleta. Fue como tener a mi papá en mi casamiento". La mira a Teresa. Los ojos encendidos por el pasado y el presente.


El corazón negro de Catalina de Aragón: la misteriosa dolencia que mató a la Reina española de Inglaterra

Cuando Enrique VIII supo de la muerte de su esposa, se vistió de amarillo de arriba a abajo, con una pluma blanca en el gorro, dio un baile en Greenwich y mostró a su hija Isabel diciendo: «Sea alabado Dios, ahora que la vieja bruja ha muerto ya no hay temor de que haya guerra»

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Catalina de Aragón murió a principios de 1536 en la prisión dorada a la que le condenó su marido Enrique VIII. Al embalsamarla su médico se encontró todos los órganos sanos excepto el corazón, que estaba ennegrecido y presentaba un aspecto horrendo, con la adherencia de un tumor negro. Ni siquiera hoy se puede saber si la Reina española de Inglaterra fue víctima de un envenenamiento o de algún tipo de cáncer muy agresivo. Lo único claro como el agua es que su marido deseaba como nadie que desapareciera del mapa. Los dedos acusatorios también apuntaban a Ana Bolena, la nueva esposa del Rey, que llegó a afirmar: «Yo soy su muerte y ella es la mía». Y sí, Bolena sobreviviría muy poco a la muerte de Catalina.

De princesa viuda a Reina amada

Nacida en el Palacio arzobispal de Alcalá de Henares, el 15 de diciembre de 1485, donde también lo hizo Fernando de Habsburgo, otro ilustre madrileño con proyección en el extranjero, Catalina de Aragón fue la última de las hijas de los Reyes Católicos y posiblemente la que más se parecía a su madre Isabel «la Católica». La joven, de ojos azules, cara redonda y tez pálida, fue prometida en matrimonio a los cuatro años con el Príncipe de Gales Arturo, primogénito de Enrique VII de Inglaterra, por el Tratado de Medina del Campo. La decisión de los Reyes Católicos obedecía a una estrategia matrimonial para forjar una red de alianzas contra el Reino de Francia. Así, dos de los hijos de los Monarcas contrajeron matrimonio con los hijos de Maximiliano, Emperador del Sacro Imperio Romano; dos hijas entroncaron con la familia real portuguesa, y la más pequeña con el heredero a la Corona inglesa.
Retrato de Catalina de Aragón
Retrato de Catalina de Aragón
La adolescente Catalina causó una grata impresión a su llegada a Inglaterra. El 14 de noviembre de 1501, Catalina se desposó con Arturo en la catedral de San Pablo de Londres, pero el matrimonio duró tan solo un año. Los dos miembros de la pareja enfermaron de forma grave –posiblemente de sudor inglés (una extraña enfermedad local cuyo síntoma principal era una sudoración severa)– causando la muerte del Príncipe. En los siguientes años, la situación de la joven fue muy precaria, puesto que no tenía quien sustentara su pequeño séquito y su papel en Inglaterra quedó reducido al de viuda y diplomática al servicio de la Monarquía hispánica.
Con la intención de mantener la alianza con España, y dado que todavía se adeudaba parte de la dote del anterior matrimonio, Enrique VII tomó la decisión de casar a la madrileña con su otro hijo, Enrique VIII. El Príncipe quedó prendido al instante de la belleza de la hija de los Reyes Católicos, que, además, «poseía unas cualidades intelectuales con las que pocas reinas podrían rivalizar», en palabras de los cronistas. Erasmo de Rotterdam y Luis Vives no escatimaron en elogios hacia la hija de los Reyes Católicos y su «milagro de educación femenina». No obstante, el matrimonio con el hermano de Arturo dependía de la concesión de una dispensa papal porque el derecho canónico prohibía que un hombre se casara con la viuda de su hermano.
Se argumentó que el matrimonio anterior no era válido al no haber sido consumado. Catalina siempre defendió su virtud y la incapacidad sexual del enfermizo Arturo durante el breve tiempo que estuvieron casados.

La «mala perra» que cambió la Historia

A la muerte de Enrique VII en 1509, su hijo Enrique VIII fue coronado Rey y dos meses después se casó con Catalina en una ceremonia privada en la Iglesia de Greenwich. Pese a la buena sintonía inicial, la sucesión de embarazos fallidos, seis bebés de los que solo la futura María I alcanzó la mayoría de edad, enturbió la convivencia entre el Rey y la Reina. Algunos estudios modernos han especulado con la posibilidad de que Enrique le contagiara la sífilis a su esposa. Esto habría derivado en sus fallidos embarazos y encendido, a su vez, la impaciencia del Rey, que en materia política encontró en ella a la mejor socia.
Catalina supo estar a la altura en los asuntos de Estado. En 1513, su marino la nombró regente del reino en lo que él viajaba a luchar junto a España y el Sacro Imperio contra Francia. La Reina tuvo que lidiar con una incursión escocesa en Inglaterra, que desembocó en la batalla de Flodden Field. Se dice, entre el mito y la realidad, que Catalina acudió embarazada y equipada con armadura a dar una arenga a las tropas antes de la contienda.
Lejos de agradecerle sus servicios, Enrique volvió a casa hecho un basilisco y maldiciendo a Fernando «El Católico» por retirarse de la guerra. El Rey, sensible e inteligente para otras cosas, exhibía un carácter impulsivo y colérico que fue empeorando con los años. Por esas fechas se planteó por primera vez el divorcio de Catalina.
La falta de un hijo varón y la aparición de esta mujer extremadamente ambiciosa empujaron al Rey a iniciar un proceso que cambió la historia de Inglaterra
Tampoco ayudó el ánimo mujeriego del Monarca. A partir de 1517, Enrique comenzó un romance con Elizabeth Blount, una de las damas de la Reina. Al bastardo resultante de esta aventura, Enrique Fitzray, le reconoció como hijo suyo y le colmó con varios títulos. Ante tal humillación, Catalina reaccionó sin levantar la voz y con la dignidad regia que tan querida le hizo en Inglaterra, incluso por encima del Rey. Su personalidad le había granjeado las simpatías de los grandes nobles, clérigos e intelectuales del reino. Pero aquello no le bastó para sobrellevar los desprecios de su marido. Entre las muchas relaciones extramatrimoniales de Enrique, una de ellas marcó un punto de inflexión: la que mantuvo con Ana Bolena, una seductora y ambiciosa dama de la Corte que provocó un cisma, literalmente.
La falta de un hijo varón y la aparición de esta mujer extremadamente ambiciosa empujaron al Rey a iniciar un proceso que cambió la historia de Inglaterra. Enrique VIII propuso al Papa una anulación matrimonial basándose en que se había casado con la mujer de su hermano. El Papa Clemente VII, a sabiendas de que aquella no era una razón posible desde el momento en que una dispensa anterior había certificado que el matrimonio con Arturo no era válido (no se había consumado), sugirió a través de su enviado el cardenal Campeggio que la madrileña podría retirarse simplemente a un convento, dejando vía libre a un nuevo matrimonio del Rey. Sin embargo, el obstinado carácter de la Reina, que se negaba a que su hija María fuera declarada bastarda, impidió encontrar una solución que agradara a ambas partes.
El pueblo inglés adoraba a su Reina y parte de la nobleza estaba a su favor, pero fue la intervención del todopoderoso sobrino de Catalina, Carlos I de España, la que complicó realmente la disputa. Pese a las amenazas de Enrique VIII hacia Roma, Clemente VII temía todavía más las de Carlos I, quien había saqueado la ciudad en 1527, y prohibió que Enrique se volviera a casar antes de haberse tomado una decisión. Anticipado el desenlace, Enrique VIII tomó una resolución radical: rompió con la Iglesia Católica y se hizo proclamar «jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra».
En 1533, el Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del Rey con Catalina y el soberano se casó con Ana Bolena, a la que el pueblo denominaba «la mala perra».
Catalina observando a Enrique justar en honor del nacimiento de un hijo
Catalina observando a Enrique justar en honor del nacimiento de un hijo
Enrique privó a Catalina del derecho a cualquier título salvo al de «Princesa Viuda de Gales», en reconocimiento de su estatus como la viuda de su hermano Arturo, y la desterró al castillo del More en el invierno de 1531. Años después, fue trasladada al castillo de Kimbolton, donde se le prohibió comunicarse de forma escrita y sus movimientos quedaron todavía más limitados. Acosada por dolores y náuseas en los últimos meses de su vida, vivió alejada de su hija y angustiada porque no tenía ni cómo pagar a sus criados de confianza. Con gran dolor fue vendiendo todas sus joyas, incluso las que le regalaron sus padres.
La tristeza le carcomía por dentró, así como una dolencia para la que los estudios modernos no han dado una respuesta. «En nuestra última conversación», recordaría el embajador imperial en Inglaterra Chapuys, «la vi sonreír dos o tres veces y cuando la dejé deseaba que la divirtiera una de mis gentes [un bufón]»

«La vieja bruja ha muerto»

El 7 de enero de 1536, antes de morir a causa probablemente de algún tipo de cáncer, Catalina de Aragón escribió una carta a su sobrino Carlos I pidiéndole que protegiera a su hija, la cual fue esposada posteriormente con Felipe II, y otra dirigida a su terrible esposo:
«Ahora que se aproxima la hora de mi muerte, el tierno amor que os debo me obliga, hallándome en tal estado, a encomendarme a vos y a recordaros con unas pocas palabras la salud y la salvación de vuestra alma...».
Después de perdonarlo, terminaba con unas palabras conmovedoras hacia Enrique: «Finalmente, hago este juramento: que mis ojos os desean por encima de todas las cosas. Adiós».
El color negro de su corazón, indicio de que sufrió algún tipo de cáncer, propagó por Inglaterra el rumor de que había sido envenenada por orden del Rey. Durante mucho tiempo, la Reina había tenido la precaución de comer solamente alimentos preparados en su propia habitación, lo que demuestra que temía que el Monarca quisiera sacarle de la ecuación a la fuerza. Y desde luego Enrique no trató de disimular su alegría. Cuando supo de la muerte de su esposa, se vistió de amarillo de arriba a abajo, con una pluma blanca en el gorro, dio un baile en Greenwich y mostró a su hija Isabel (hija de Bolena) diciendo: «Sea alabado Dios, ahora que la vieja bruja ha muerto ya no hay temor de que haya guerra».
Catalina de Aragón fue enterrada en la abadía de Peterborough con un ceremonial propio de una princesa viuda y no de una Reina consorte de Inglaterra. Aparte de que no se permitió a la Princesa María participar en el cortejo fúnebre, cuyos caminos abarrotó el pueblo inglés. Como explica Garret Mattingly en «Catalina de Aragón» (Palabra), en su capilla fúnebre ardieron mil cirios y se rezaron en la catedral más de 300. Asistiendo a los funerales que se sucedieron en las poblaciones cercanas alrededor de 800 personas.
No en vano, el catafalco fúnebre y paño negro que cubrían el lugar fueron destruidos en 1643 por los soldados de Oliver Cromwell. Hoy, en la tumba nunca faltan flores frescas y el Ayuntamiento de la localidad organiza anualmente un acto de conmemorativo en honor a la Reina. Catalina quedó en la memoria colectiva inglesa como una defensora de los católicos, que iban a vivir a partir del reinado de Isabel I una auténtica travesía a través del desierto.
No se permitió a la Princesa María participar en el cortejo fúnebre, cuyos caminos abarrotó el pueblo inglés
Coincidiendo con la muerte de Catalina, Ana Bolena sufrió un aborto de un hijo varón. La joven, que ya había dado a luz a la futura Reina Isabel I, solo sobrevivió cuatro meses a su antecesora Catalina. Fue decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo 1536 acusada falsamente de emplear la brujería para seducir a su esposo, de tener relaciones adúlteras con cinco hombres, de incesto con su hermano, de injuriar al Rey y de conspirar para asesinarlo.
Posteriormente, Enrique VIII contrajo otros cuatro matrimonios más: repudió a su cuarta esposa y también decapitó a la quinta. La tercera esposa, Jane Seymour, dio a luz a su único hijo varón, el Príncipe Eduardo. Así y todo, la prematura muerte de Eduardo VI de Inglaterra, a los 15 años de edad, por una tuberculosis, forzó que la Corona pasara sucesivamente a las otras hijas del Rey: María, hija de Catalina de Aragón, e Isabel, hija de Ana Bolena. La figura de la española quedó parcialmente rehabilitada con el ascenso al trono de la hija por la que tanto había luchado.